
La negativa de Hitler y de Stalin a renunciar a la símbólica ciudad significó la muerte de cientos de miles de soldados de ambos bandos. Con bajas estimadas entre 1.640.000 a 2.000.000 de personas, entre soldados y civiles de ambos bandos, la Batalla de Stalingrado es considerada como la batalla más sangrienta en la historia de la humanidad.
También significó el cambio de rumbo de la Segunda Guerra Mundial, y el convencimiento del mundo que Alemania no era invencible. Luego del repliegue por el crudo frío ruso de 1941-1942, la Wehrmacht (ejército alemán) inició una nueva ofensiva de verano, sobretodo en el sur, para tomar las reservas petrolíferas del Cáucaso. En agosto de 1942 los alemanes lograron alcanzar esta zona, mientras que el 12 de septiembre llegaron a la ciudad de Stalingrado. Sin embargo este esfuerzo costó demasiado para el ejército y la aviación, y nuevamente retrocedieron cuando los rusos iniciaron la contraofensiva de invierno, tal como lo hicieran el año anterior.

Todas las tropas alemanas retrocedían en forma ordenada, pero Hitler ordenó que el VI Ejército a mando de von Paulus debía quedarse a luchar en Stalingrado. Era evidente la obsesión del Führer por retener la ciudad que llevaba el nombre de su peor enemigo. Pero también quedó claro que esta decisión condenaría la suerte de su país en la guerra.
Ni bien llegaron los alemanes a Stalingrado, la resistencia rusa fue inmisericorde con los invasores, y con ellos mismos. El enorme sacrificio de soldados rusos, así como el incesante bombardeo de la artillería y de la Luftwaffe (fuerza aérea alemana), redujeron la ciudad a escombros. Aún cuando la ciudad carecía de valor estratégico, la toma de ésta constituía un tema de valor nacional, la lucha se decidía en cada calle, puerta y ventana, hasta que los rusos se vieron obligados a retirarse hasta la histórica fábrica de tractores en las riberas del Volga, al este de la ciudad. En estas circunstancias surgieron los primeros héroes en el frente oriental, especialmente los francotiradores rusos.

Stalin mandó a la zona un millón de soldados frescos para iniciar la contraofensiva cuyo objetivo era romper el cerco alemán en Stalingrado, tropas que los alemanes no podían proveer. Entre el 19 y 23 de noviembre, el cerco se desintegró por el norte y el sur por las tropas del general Zhukov. Von Paulus llamó a sus hombres a prepararse a una retirada por el oeste ya que una trampa se cernía sobre ellos. Nuevamente Hitler ordenó no moverse, convencido por Göering que la Luftwaffe abastecería a los combatientes hasta que el IV Ejército acorazado de Roth y los XXXI y XLI Ejércitos rumanos lograran rescatarlos.



Peor aún, los intentos de romper el cerco se esfumaron, ni siquiera cuando el IV Ejército de Roth estuvo a punto de hacerlo a mediados de diciembre, intento en vano cuando Hitler ordenó a von Paulus que se quedara en la ciudad. La Luftwaffe no podía transportar ni la tercera parte de los víveres que los soldados necesitaban. Las líneas alemanas retrocedieron hasta Rostov, muy lejos del cerco, ante la posibilidad de ser también atrapadas. Ésta fue la sentencia de muerte del VI Ejército en Stalingrado.


Las imágenes de los soldados vencidos hasta ahora causan conmoción, simplemente indescriptibles, casi imposible de pensar cómo un ser humano (sin importar por qué o quién pelea) pueda llegar a tan desgraciadas condiciones. De los 270000 alemanes atrapados en el cerco, para el fin de las hostilidades sólo estaban con vida 91000, entre ellos un feldmariscal, 23 generales y 2500 oficiales. La desgracia de esta gente, tal como lo previeron, estaba en los campos de trabajos forzados de Siberia.

Sólo 5000 de estos prisioneros regresaron a Alemania años después de concluida la guerra: sólo 2 de cada 100 vivió para contarlo. Las consecuencias para el ejército alemán fueron desastrosas, ya que a partir de entonces no conocerían más que la derrota hasta la caída de Berlín dos años más tarde.
Fuente del texto: Mundo errante
Fotografias:Varias paginas.
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